miércoles, 12 de agosto de 2009

Vaya, ¿pues sabes que estuvimos en China?

Ya de vuelta en Madrid, estamos tratando de ordenar las fotos y todo lo que hemos hecho allí.

8 aviones, 3 trenes, al menos una docena de autobuses, innumerables taxis, miles de kilómetros recorridos ... eso debe ser suficiente para dar una idea del tamaño colosal de China. Nada de lo que conocemos en Europa es comparable a las dimensiones que manejan allí. Simplemente, aunque te lo cuenten, tienes que verlo y experimentarlo para poder comprenderlo de verdad.

Así que sin mayores pretensiones, ahí va mi resumen de China:

1. No existen los rollitos de primavera, el cerdo agridulce, ni el arroz tres delicias. Lo mas parecido que hemos encontrado no era ni de lejos lo que conocemos de los restaurantes chinos en España.

2. Los chinos son muy diferentes de unas regiones a otras, de Norte a Sur, de Este a Oeste, ... Los del norte son altos.

3. Cuando llevas un tiempo allí, aprendes a diferenciar sus caras. Sin embargo tienes que aceptar que ellos vean a todos los occidentales iguales y te pregunten las cosas como si no te hubieran visto en la vida.

4. China es un país de tamaño colosal. Comparado con Europa (si quitamos Rusia) es 1,5 veces su tamaño y prácticamente el doble de población. Es más un continente que un país.

5. Existen grandes diferencias entre las distintas regiones chinas, en población, en alimentación, en nivel de vida, en pronunciación del idioma, en fisonomía, etc... Sin embargo están unidos por el lenguaje, la religión, las costumbres, y por supuesto por los comunistas.

6. Para viajar a China, tienes que estar preparado para reducir tu espacio vital. Si no puedes aceptar el compartir mas intimidad con mucha más gente de lo que harías en España, replanteate viajar allí.

7. En China se negocian todos los precios. Al principio parece divertido. Al final cansa. Pero si eres occidental no vas a poder evitar que te pidan el doble (o mucho más) por todo. Allá tu hasta donde llegues.

8. Los chinos están en una fase de consumo desaforado. Es decir, compran lo que sea, por tenerlo y por enseñarlo a los demás. Y si es de marca, mucho mejor. Al lado de su voracidad de consumo, nuestros centros comerciales parecen tristes ...

9. En China hay censura informativa. La noticias que llegan de China hay que ponerlas en cuarentena, porque cuentan la mitad de la mitad de lo que realmente ocurre allí. También es recíproco. Toda la información que llega a China está filtrada, censurada y modificada.

10. Los chinos deben competir permanentemente por los recursos. Siempre han sido muchos y nunca han tenido la garantía de que habría para todos. Eso los hace impacientes, irrespetuosos con las normas, caóticos y bajo nuestro punto de vista maleducados. Su máxima: "oveja que bala pierde bocao".

11. China es un país de contrastes. Entre el norte y sur, este y oeste, las ciudades y el campo, lo nuevo y lo viejo ... Los chinos son capaces de hacer las chapuzas mas grandes y la vez los trabajos más delicados, detallistas y minuciosos.

12. Los chinos son poco eficientes. Confían mucho en su fuerza bruta para resolver los problemas. Eso los hace muy malos en todo lo que hacen individualmente, pero extraordinariamente eficaces cuando se organizan.

13. La tan nombrada contaminación china no es una broma. En las principales ciudades la nube de polución no te dejar ver el color del cielo. Las autoridades tendrán que tomar medidas a la fuerza, porque si no dentro de unos años empezarán a caer los ancianos como chinches de problemas respiratorios entre otros.

14. La política de hijo único ha hecho estragos. La población se ha estabilizado, pero a costa de tener una generación de niños con el síndrome de "Pequeño Emperador" y tener un problemón de mantenimiento de la población anciana para dentro de 20 años.

15. Los cantantes chinos desafinan como nadie. Parece que están matando al gato. No obstante tienen mucho éxito entre las chinitas con su estética japonesa y sus pelitos tipo mocho de escoba, todos iguales.

16. Cuando vuelves de China te sientes muy pequeño ... tu país ya no está en el centro del mapamundi, sino en una esquinita que casi no se ve ... y nadie o muy pocos lo conocen.

17. Tenemos que aprender a convivir en un mundo mas centrado en oriente que en occidente, por primera vez en nuestra larga historia. Solo así podremos afrontar los cambios mundiales que se avecinan.

jueves, 6 de agosto de 2009

Shanghai, el Paris de oriente

Todo el sábado se tiró jarreando de mala manera así que no tuvimos más remedio que sacar nuestros planes de contingencia. El primero fue ir a recoger unas camisas a medida que me hice en el mercado de las telas. El siguiente fue irnos al café "M on the bund", en un extremo del Bund, a tomar el brunch y de paso aprovechar para ver las vistas sobre el área de Pudong.

Shanghai se divide en dos zonas, Pudong y Puxi, que significan literalmente al este y el al oeste del río Pu, río que define la topografía de la ciudad. Todo el centro histórico se encuentra en Puxi, siendo Pudong el nuevo área de negocios donde se desarrolla el conjunto de los rascacielos más imponentes.

El brunch, fenomenal. Restaurante francés para cambiar de tanto chinorro. Las vistas jodidas, no cesó la lluvia en todo el día y casi no se veía ni la perla de oriente. Así que visto lo visto, nos fuimos a darnos un masaje chino, que no estuvo nada mal, y después a cenar , todo esto sin dejar de llover.

El lunes, nuestro último día en China, nos levantamos con el nervio de saber si tendríamos un día lo suficientemente decente para poder ver el skyline de Shanghai, visto la mala suerte que estábamos teniendo con la lluvia. Y por fin, nos sonrió la suerte, sin dejar de estar nublado, al menos las nubes bajas habían desaparecido y permitían de una vez ver todos los edificios y apreciar todos los rascacielos con suficiente visibilidad.

Así, que el lunes nos hicimos el completo. El primer sitio, a la plaza del pueblo, con el Museo de Shanghai y el Gran Teatro de Shanghai, aunque sólo visitamos el primer, que por cierto está muy bien, sobre todo la parte de las cerámicas, ya que explica de forma muy didáctica el proceso de creación de los diferentes tipos de coloraciones y de cerámicas en China desde hace más de 2.000 años.

Luego nos fuimos hacia el Bund via Nanjing Lu este. El Bund, símbolo de la ciudad, era un embarcadero de acceso al río Pu. Más adelante se ensanchó y se fue embelleciendo con numerosos majestuosos edificios. Fue el centro financiero o el "Wall Street" de Oriente para los europeos que llegaban a Asia, y fue el origen de muchas fortunas amasadas y perdidas. Jalonado de edificios históricos permite hacerse una idea clara de lo fue Shanghai en el pasado, y con la vista al otro lado del río, en Pundong, con la vista de los rascacielos, lo que Shanghai es hoy.

En el camino (a la salida del museo de Shanghai) pudimos comprobar en nuestras carnes uno de los timos que describe la Lonely Planet, los chicos del té... Se trata de unos chicos muy simpáticos que te camelan hablando contigo y cuando te tienen ya entregado te invitan a tomar té en un sitio muy tradicional chino. Si caes, por un té mondo y lirondo (que te lo dan gratis en la mayoría de los sitios) te meten una factura que se te quita el hipo, y que tienes que pagar si o si. Pues nos encontramos a unos de esos y te digo que si no estamos alertados, 90% que picas.

Nanjing Lu es la calle principal de comercios de marca. Es peatonal por lo que está siempre muy concurrido y bastante animado. En la calle principal están las marcas auténticas, y todas las callejuelas perpendiculares y nada glamourosas que llegan a ella están llenas de los productos de imitación. Durante todo el paseo tienes que ir quitándote a los moscones que están todo el rato queriéndote llevar a algún chiringuito a venderte un Rolex, o un Gucci o qué se yo.

Así que llegados al Bund, finalmente pudimos ver el skyline de Pudong, la Perla de Oriente, el edificio Aurora, la Torre Jinmao, etc.. y el edificio más alto del mundo, el Shanghai World Financial Center (SWFC), con sus 492 metros de altura, al que subiremos por la tarde, para contemplar las vistas desde allí de todo Shanghai.

Para hacerse una idea de las dimensiones del SWFC, consideremos que la Torre Eifel tiene 324 metros de altura. Las torres de la Castellana tienen unos 250 metros la más alta (una caca en comparación). Los taiwaneses tienen un edificio, el Taipei 101, que mide 509 metros. Aunque este edificio último tienen una antena de más de 80 metros, y claro, así no vale. Como los chinos comunistas y los de Taiwan están siempre de pique, con esto también. Yo en esto estoy con los comunistas, ya que es su torre se accede a la planta 100, a 492 metros de altura sin trampa ni cartón.

De todas formas, esta discusión se va acabar pronto, ya que justo al lado ya está en construcción otro rascacielos y que creo que va a subir otros 100 o 150 metros más. Será por dinero ... Desde arriba las vistas son increíbles, tanto las que se ven aún de día, como conforme se va poniendo el sol e iluminado poco a poco la ciudad ...

Por la noche, fuimos a cenar a un restaurante uighur. Si, esos que estaban en rebelión hace 4 días. Por cierto, ¿sabíais que les cortaron el acceso a Internet y los móviles? Si, si, estos chinos no se andan con bromas. Aún creo que no estaban normalizadas las comunicaciones con esa zona (que está a más de 3.000 kilómetros de Shanghai. Otra web que ha caído en desgracia en China es el Facebook. Para que no nos olvidemos que esto es una dictadura.

Los uighures son como turcos, comida turca, trileros como turcos, hablan árabe, son simpáticos a diferencia de los chinos, ... nos cayeron bien. A ver si les dan la independencia ( Ja !!!)

miércoles, 5 de agosto de 2009

01-08-2009 / Shanghai

Coincidimos con Bárbara a la llegada a estación sur de trenes, que nos llevó a su casa, un piso estupendo en pleno centro de Shanghai, en Renmin Lu. Su zona es muy animada, llena de mercados callejeros con salero. Así que trás reanimarnos un poco de la noche anterior (salimos todos a cenar, Bárbara, Alain su marido y nosotros, terminando con unas copas en el mítico Zapata) nos dirijimos a pasear.

Primero fuimos a los jardines de Yuyuan, un entorno paradisiaco dentro de Shanghai y un ejemplo exquisito del paisajismo Ming. Después nos pasamos por las tiendas de alredededor donde disfrutamos de las cometas y de las marionetas del teatro de sombras. Luego paseamos por distintos mercados, de comida, el de los peces y las plantas (comunmente llamado de los bichos, porque lo más llamativo del mercado gira alrededor del mundo del grillo de pelea), y por último el de las antigüedades con supuestas joyas del pasado y todos sus artículos kitsch, como los estupendos relojes con la imagen de Mao saludándote con la mano. Todo eso hasta que comenzó a llover, lo que nos obligó a volver a casa.

La noche no la puedo contar, fueron a cenar a un teppanyaki, restaurante japonés donde se cocina todo en una plancha gigante. Yo me quedé en cama para bajar el fiebrón que me entró en el trén de Hangzhou a Shanghai.

Un consejo si vais a China: llevaros una chaqueta de cuello alto para los transportes y los museos, porque les encanta poner el aire acondicionado a toda pastilla.

31-7-2009 / Hangzhou

A escasos 200 kilómetros de Shanghai se encuentra la ciudad de Hangzhou. Populosa y moderna (7 millones de habitantes) Hangzhou conserva una gran belleza gracias a su corazón, el lago del oeste o Xi Hu. Ya Marco Polo en el siglo XIII la describió como una de las ciudades más espléndidas del mundo.

En China hay 36 lagos llamados lado del oeste, pero el de Hangzhou es el más famoso. De hecho todos los demás toman el nombre de él. Originalmente era una laguna adyacente al río Qiantang, pero el lago como tal no existió hasta el siglo VIII cuando se drenó toda la extensión pantanosa. A partir de ahí se fue ampliando con jardines, pagodas, hasta llegar a ser lo que es en la actualidad.

Llegamos a Hangzhou cayendo una buena tormenta, gracias a la cual tuvimos un viajecito en avión de lo más movidito, majo, lleno de baches. Tardamos bastante en llegar al hotel, pero aún nos dió tiempo a dar un paseo nocturno por parte del lago, a ver la calle Quianhefang (donde los vendedores de té y las recetas medicinales milagrosas) y sacarnos el billete del trén para el día siguiente hacia Shanghai.

A la mañana siguiente (¡ por fin no llovía !) hicimos todo (o casi todo) el paseo por el lago incluyendo la subida a la pagoda Leifang, destruida y reconstruida (aunque no ha quedado muy similar la verdad) .

A la tarde, bastante retestinados, recogimos nuestras mochilas y pusimos rumbo a Shanghai. Pasaríamos nuestros últimos días en China en casa de mi amiga Bárbara, que un día se cansó de trabajar de Teleco y se fué a Shanghai a buscar fortuna.

De vuelta en Madrid

Hola.

Ya estamos de vuelta en Madrid. Llegamos hace unas horas via Paris sin problemas. Desde el jueves pasado que estuvimos en Hangzhou no nos pudimos conectar. Básicamente porque no tuvimos tiempo. En Shanghai Bárbara nos tenia una agenda completa de no aburrirse, asi que en estos dias colgaremos lo que tenemos.

Que gusto da volver a poder escribir directamente sobre blogger, y sobre todo verlo, porque con el metodo de subir los post no podiamos ver los comentarios de nadie, asi que mañana nos los iremos leyendo.

Besos.